martes, 15 de julio de 2008

Correo Proletario (segunda época) nº 1 - Mayo 2006



Descargar publicación en formato PDF

CONTENIDOS


o Presentación
o Los estudiantes encienden la mecha de la guerra social en $hile
o 1° de mayo …otro estallido de rabia proletaria
o Una crítica a las muestras solidarias
o Daniel Bensaid y la Liga de Cretinos Reformistas
o QUIENES SOMOS, Correo Proletario n° 2, noviembre de 1975



PRESENTACIÓN


Sería inútil buscar una ideología en estas páginas. Una ideología es una colección de pensamientos muertos y momificados, algo que no nos interesa si no es para sepultarlo. En cambio, acá tratamos de reflejar, por medio de la teoría y la propaganda, la experiencia viva de los que lucharon en el pasado y luchan hoy contra la sociedad burguesa.
Pensamos que nuestra mayor debilidad en esta lucha es el aislamiento, la discontinuidad y la falta de objetivos comunes. Esta debilidad no es una deficiencia inherente a nuestra clase sino la forma en que el modo de producción capitalista se refleja espontáneamente en la práctica cotidiana del proletariado. La única manera de superar esa debilidad consiste en ligar cada conflicto, cada lucha y cada momento de la vida a un objetivo general intransable: la abolición de la sociedad de clases. En otras palabras, se trata de reconocer la urgencia permanente de demoler el Estado, de abolir la propiedad privada, el mercado y la democracia, de liquidar el trabajo asalariado y el dinero; todo esto mediante el ejercicio despótico de un poder de clase intransigente: la dictadura proletaria (1). Comparadas con este, nuestro Programa, todas las ideologías nos parecen insignificantes.


¿Por qué un “correo”?


Esta publicación es un “correo” en el sentido que busca comunicar y vincular a los proletarios que están en guerra contra el capital en diversos lugares y circunstancias. Esto no pasa solamente por difundir noticias e informaciones de última hora. Ya existen bastantes medios que pueden hacer eso mucho mejor que nosotros. Las informaciones circunstanciales son importantes, pero no sirven de nada si no las relacionamos con la lucha de clases como un todo. No podemos limitarnos simplemente a “informar” los hechos que los medios burgueses ocultan y deforman. La función política de la prensa burguesa, de izquierda y de derecha, es confundir a los proletarios, impedirles que perciban la realidad de forma unitaria y coherente, intoxicándolos con una marea de informaciones sin sentido. Ese bombardeo informativo es una más de las armas que el capital constantemente dirige contra los proletarios para dividirlos, atemorizarlos y falsificar su percepción de la realidad. Nosotros debemos combatir ese confusionismo, aportando críticas de conjunto y visiones de la lucha proletaria como totalidad histórica en movimiento. Por supuesto, informamos de hechos que consideramos relevantes, pero sólo para mostrar su significado en relación con la lucha de clases en general, más allá de contingencias particulares y por encima de cualquier frontera nacional o ideológica.


¿Por qué “proletario”?


Nos reconocemos como proletarios porque esa es nuestra condición concreta dentro de esta sociedad. El concepto “proletario” no se refiere a ninguna ocupación específica en la economía de mercado, sino al modo de existencia de los que no tienen ningún poder de decisión sobre su propia vida, porque están privados de los instrumentos materiales para producirla. Este despojo vital no lo sufren únicamente los obreros de fábrica, sino todos los que deben vender su fuerza de trabajo para subsistir, sin importar cuánto se les pague. No hay salarios más justos que otros; el salario en sí es la principal forma de esclavitud moderna, de proletarización. Pero no es la única forma. También están despojados de su propia vida los que han sido arrojados a la indigencia, encerrados en prisiones y manicomios, embrutecidos en escuelas y universidades, masacrados en la guerra imperialista, o condenados a sobrevivir en las cloacas del mercado. Para decirlo de una vez: el proletariado es esa inmensa mayoría de la humanidad que está impedida de vivir porque debe “ganarse la vida” de una forma u otra (2).
Asumirnos como proletarios no tiene nada que ver con esos ridículos esfuerzos por “construir identidad”. Nadie elige ser proletario. Uno nace proletario como se nace siendo esclavo, o bien es proletarizado por las fuerzas ciegas de la economía; y en ambos casos no hay nada de qué enorgullecerse. Estar proletarizado no es ninguna virtud, no es una condición que nos interese reafirmar ni defender, no nos complace como a los ecologistas, okupas o gays les complace la identidad que tan “libremente” eligieron para presentarse en sociedad. El único motivo de orgullo para los proletarios es luchar contra el mundo de la propiedad y del Estado, contra sus excrementos culturales y psicológicos, y contra todos los que justifican la servidumbre en vez de denunciarla. En consecuencia, las tareas teóricas y propagandísticas que nos planteamos en este Correo apuntan a la auto-supresión conciente del proletariado como clase dentro de esta sociedad. Sólo negando nuestra condición actual podemos hacernos humanos, y eso sólo se consigue luchando. Por último, nuestra actividad subversiva no ha venido a inventar nada nuevo; simplemente teorizamos lo que el proletariado está haciendo día a día, concretamente, para emancipar su humanidad alienada.


¿Qué queremos?


Nuestra finalidad inmediata es contribuir a la comunicación entre individuos que piensan, actúan y viven contra esta sociedad. Esperamos así ayudar a crear una comunidad de lucha centrada en el mejoramiento cualitativo de nuestra experiencia en común, y opuesta a toda forma de alienación. Además, nuestro objetivo es socializar conocimientos útiles para la reconstrucción de un movimiento revolucionario de masas, sobre una base profundamente anti-burguesa. Esos conocimientos no han salido de la mente iluminada de ningún “pensador” ajeno a la lucha, sino que son fruto de estudios y discusiones colectivas, llevados a cabo por compañeros que son parte de la resistencia cotidiana del proletariado y que se esfuerzan por sintetizar teóricamente la lucha para ayudar a su mejor comprensión. Si bien tratamos de entregar textos que puedan ser asimilados fácilmente, con frecuencia incluiremos materiales que quizás resulten difíciles de leer. Lo hacemos por dos razones: porque consideramos que esos textos ayudan a clarificar aspectos cruciales de la guerra al capital; y porque no le haríamos ningún favor a nuestros compañeros ahorrándoles la molestia de leerlos. Enfrentarse a textos difíciles y aprender de ellos es parte de la formación del proletariado para la guerra social, tan importante como aprender a usar cualquier otra arma. Por lo demás, no les pedimos a nuestros lectores nada que no nos hayamos exigido a nosotros mismos. Sólo que le dediquen a este Correo por lo menos tanta atención como la que le dedican a las diversiones oficiales, a los conocimientos muertos que vende el sistema de enseñanza, o a las estúpidas fantasías publicadas en la prensa. Eso no es pedir demasiado. Los que hablan contra esta sociedad y siguen respetando el sentido común dominante, hablan con un cadáver en la boca.

El origen de esta publicación


Este Correo circuló por primera vez poco antes del golpe de 1973, en los Cordones Industriales organizados por los trabajadores en Chile para combatir al capital. Su objetivo era “expresar la actividad de tendencias revolucionarias en el movimiento obrero chileno…” (3). Una derrota sangrienta nos enseñó que esas tendencias no tuvieron la fuerza suficiente. Incluso Correo Proletario, que fue la expresión teórica más avanzada de esa lucha, tuvo la debilidad de creer en un supuesto “movimiento proletario chileno”, como si nuestra clase pudiera identificarse con una nacionalidad cualquiera. Pero así como el capital no conoce fronteras, el proletariado no tiene patria. No insistir en ello, sobre todo a las puertas de una guerra civil, es un error que se paga muy caro, como bien saben los compañeros que publicaron los primeros números de este Correo. Hoy, haciéndonos cargo de ese error y con la lección duramente aprendida, nos reconocemos en el esfuerzo revolucionario que ellos impulsaron hace más de treinta años. Pero obviamente no se trata sólo de reproducir el nombre de una antigua publicación subversiva. Se trata de retomar una vieja tarea interrumpida, para continuarla. Esa tarea es la lucha para abolir la sociedad de clases, para destruir el Estado y liquidar el modo de producción capitalista. Dentro de los límites que le imponía su mundo, Correo Proletario en su primera época expresó con decisión ese objetivo, y hoy lo seguirá haciendo. Si la victoria total se nos escapa también a nosotros, sin duda en el futuro otros compañeros harán un balance de nuestros errores para llevar el combate aún más lejos. Por lo pronto, este Correo resurge para servir como órgano de enlace y discusión del proletariado insurrecto allí donde esté luchando.


Notas


(1) Esos que se horrorizan al oír estas palabras, deberían tratar de explicar alguna vez cómo es que concretamente se puede abolir la sociedad de clases por medios pacíficos y democráticos. Quizás sepan algo que nosotros no sabemos.
(2) Esta definición es muy amplia y puede prestarse a malentendidos. Ser asalariado implica ser proletario, pero ser proletario no implica necesariamente tener conciencia de clase, o ser subversivo. Hay proletarios traidores que se ganan la vida reprimiendo a los subversivos. Por otro lado, en esta época la mayoría de los proletarios se engañan considerándose a sí mismos “ciudadanos de la democracia”, y normalmente actúan como conformistas sirvientes del capital. Por ahora, esa conciencia fetichista condena a los que luchan contra este sistema al aislamiento, y es el principal obstáculo para reemprender el camino de la revolución social.
(3) Correo Proletario n° 2, Londres, nov.1975

No hay comentarios: